Mirlos y Bolboretas
Antonio Iglesias
Un viaje lírico al alma silvestre de la Ribeira Sacra. El Miño nunca estuvo tan vivo
"Mirlos y bolboretas" es un poemario que viaja al alma de la Ribeira Sacra Ourensana, recorriendo las orillas del río Miño.
Entre versos escritos en castellano con la musicalidad del gallego, el poeta nos transporta a un mundo rural donde los airiños mornos (brisas) y la memoria de los abuelos se entrelazan con el presente.
Desde la casa de Areas, la belleza de las bolboretas (mariposas) y el canto de los mirlos se funden con la historia silvestre de los carballos (robles) y el eco de seres míticos como los Xaixous.
Una travesía espiritual y contemplativa que conecta profundamente con la naturaleza, la mitología y la emoción más sincera de la tierra.
- Género
- Guerra civil española
- Año
- 2026
- Páginas
- 338
- Encuadernación
- Tapa Blanda
- Dimensiones
- 152 × 228 mm
- Precio (papel)
- 22 €
- Precio (ebook)
- 3,99 €
- ISBN
- 9791388010019
Sobre Antonio Iglesias
Orensano de 1955, nací en Areas, en A Peroxa, una tierra entrañable y dura, respirando los aires del Miño. Desde muy pequeño recuerdo que dos pasiones me movían: el desarrollo de la naturaleza en general (árboles, flores, aves, la lluvia, los caracoles, la aurora, el solpor...) y, por otro lado, escribirle a todo ello. Los consideraba seres vivos que me acompañaban en mis juegos; buscaba capturar con brevedad la belleza que veía, además de sentirme un poco su guardián. Quizás por eso, nada más acabar el COU, me encaminé hacia la faceta policial o de investigador mientras trabajaba como administrativo en una empresa de pieles. En esa época también me matriculé en la UNED con la idea (que solo se quedó en eso) de iniciarme en la carrera de Derecho. La mili, obligatoria entonces, hizo que me plantease hacerla como voluntario en la Guardia Civil: un cuerpo en el que desarrollaría aquella faceta policial durante un tiempo. Esta etapa siempre estuvo acompañada de mi otra pasión: seguir escribiendo a todo ser viviente que se movía a mi alrededor. En mi ánimo nunca estuvo que lo que escribía fuese un diario, puesto que el poso de la naturaleza absorbida durante la niñez sería el hilo irrompible de todo. Mucho de lo que escribí me acompañó en libretas y hojas sueltas durante el camino andado, y a otro tanto no le volvería a hacer caso...
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