Azul
Silvia Consuelo Aranda
«¡Ánimo!», «¡Adelante!» serían las voces, los preceptos, para afianzar al ser y fortalecerlo.
La verdad se
revela ante quien en su oscuridad penetra, evidenciándose en su fuente. En ella
se aprecia el ser desde la primera etapa; la infante, etapa que revierte
pequeñez en grandeza y realza toda ocurrencia. Custodia u abandono percibe el
infante y en agradecimiento o cercenamiento, devienen. Un ser cercenado promueve
el daño, en él se acoge y lo expande. ¡Dejarse azuzar por el ser cercenado!
Dilata y extiende el daño, enviciando la faz de la tierra. ¡Dejarse cercenado
es desidia propia! Por iniciativa y voluntad, concierne despertar y dejarse
morir, para forjarse en un ser nuevo. Así en terreno desértico yace el ser
muerto y nace, en pos de un cielo, un ser de vida; de amor. Despertando en azul
esplendor tras apreciarse en su real dimensión, al mirarse en la fuente de
vida.
- Género
- FICCIÓN Y TEMAS AFINES
- Año
- 2026
- Páginas
- 132
- Encuadernación
- Tapa Blanda
- Dimensiones
- 152 × 228 mm
- Precio (papel)
- 17 €
- Precio (ebook)
- 3,99 €
- ISBN
- 9788419614315
Sobre Silvia Consuelo Aranda
Peruana, de la muy noble y leal ciudad de los Caballeros del León de Huánuco, nacida en primavera y acunada en un hogar de padres docentes, los señores Ernesto y Norma, distinguidos por su acendrado amor a la Patria; coexistiendo unida a vivaces hermanos. Fascinada por obras literarias desde infante, tras limitaciones de salud que a ello le abocaron, con voraz deseo de leer y el placer percibido — desde el aroma de las páginas hasta la esencia de lo vertido — , traduciendo narrativas en vívidas emociones. Desde 1973 a la fecha, experiencias de toda índole vivenció comprobando que el menoscabo del ser no existe como tal; sí la grandeza pues, de una u otra manera, todo ser incide en uno y, objetivamente, lo engrandece al despertarlo tras retarlo. Marcada por desafíos que la orillaron a apreciar la vida en su real dimensión, no evidenciada por sesgados sentidos de esta existencia prestada, más bien viviendo el duelo de la ausencia materna, revertida en gozo al experimentar la maternidad y al advertir que el soplo de vida vuelve a su fuente, patentando que se celebra la vida en lo obrado con la familia y afectos. Son ellos quienes, en esplendor, nos avivan y, tras valorarlos, se aprecian como secuencia de la fuente de vida, como seres creados por Dios.
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